¿QUÉ HACER CUANDO ALGUIEN NOS CUENTA ALGO MALO QUE LE HA SUCEDIDO?

Muchas veces hemos experimentado esa situación en la que una persona te cuenta algo que le ha sucedido y que le afecta de manera intensa, por ejemplo un problema sentimental,   un accidente, una enfermedad, la muerte de un ser querido… Y muchas veces nos sentimos incómodos con las emociones negativas que nosotros experimentamos en ese momento y pensamos cosas como “le tengo que consolar”, “tengo que aliviar su dolor”, “no soporto verle sufrir”, etc. 

Entonces podemos reaccionar de diferentes maneras:

  • Nos precipitamos e interrumpimos a la otra persona, y le decimos frases como “seguro que todo va a salir bien”, “no pienses en eso”, “cada uno tiene lo suyo”, “lo mejor que puedes hacer es olvidarte de eso”, etc.

 

  • Le contamos las cosas malas que nos han sucedido a nosotros o a otras personas: “a X también le pasó que…”. Porque pensamos que así relativizará: se dará cuenta de que esas cosas pasan…¿De verdad pensamos que esa persona no lo sabe?
  • Les recordamos que “otras personas están peor” o que ”siempre se puede estar peor”. De esta manera pensará que no tiene derecho a decir lo que piensa y cómo se siente… y entonces dejará de hablar del tema (¿para qué si no se siente escuchada?), pero sufrirá su dolor en silencio (¿cuántas veces las personas se esconden para llorar o cuando tienen un ataque de ansiedad para que los demás no les riñan, o para que no se preocupen?).

 

  • Le intentamos sacar una lectura positiva a lo que le ha sucedido (por ejemplo intentar sacar la parte positiva de una enfermedad grave), lo que hará que aumente mucho su ira y la frustración de no sentirse comprendida.

 

  • Escuchamos sin interrumpirle mostrando interés acerca de lo que nos cuenta y sin hacer preguntas ni comentarios que no vienen a cuento (porque la información que estoy pidiendo no es relevante) y tratamos de que nos diga cómo se siente y qué piensa. Y no hacemos ningún comentario que encaje en ninguna de las anteriores opciones. Ponernos en su lugar y tratar de aliviar aquello que sí se puede abordar (muchas veces son pequeños detalles) es mucho más reconfortante que toda la palabrería optimista sin fundamentos que podamos decir. 

De todas las opciones anteriores sólo la última es la conducta adecuada, porque la persona se sentirá escuchada y tenida en cuenta, sentirá que sus emociones y sus pensamientos son válidos, es decir, que puede pensar lo que piensa y sentir lo que siente, que es lógico que tenga pensamientos y sentimientos negativos y/o de temor tras lo que le sucedió. De esta manera va a tener la seguridad de que puede hablar, compartir su dolor con alguien que le escucha atentamente y a quien contar lo que piensa y siente.

 En definitiva, SE SENTIRÁ ACOMPAÑADA. Y eso es lo que todos queremos cuando alguien a quien apreciamos confía en nosotros y nos transmite su dolor, ¿no?

27-01-2020|Uncategorized|